El coaching, explicado sin humo

Un buen proceso de coaching ayuda a una persona sana a ordenar un objetivo y a cumplirlo. Para eso sirve. Cuando se vende como cura de la ansiedad o atajo hacia el éxito, conviene desconfiar.
Qué es
El coaching es un acompañamiento centrado en metas. Alguien quiere cambiar de trabajo, organizar mejor su tiempo, preparar una conversación difícil con su jefa o terminar un proyecto que lleva meses parado. El coach hace preguntas, ayuda a concretar el objetivo, a partirlo en pasos y a revisar en cada sesión qué se ha hecho y qué no.
La responsabilidad de actuar es de quien recibe el coaching. Un coach no da la solución ni decide por nadie. Si lo hace, está haciendo otra cosa, quizá consultoría o formación, que también son legítimas, pero conviene saber qué se compra.
Qué no es
No es terapia. La ansiedad, la depresión, un duelo que no se cierra o un problema con el alcohol son asuntos de salud. En España los atiende un psicólogo sanitario o un psiquiatra, profesiones reguladas con formación y colegiación obligatorias.
Un coach serio lo sabe, y si detecta algo así lo dice y deriva. Uno que no lo es puede tener a alguien con una depresión sin tratar durante meses en sesiones sobre «metas» y «mentalidad», cobrando cada una y retrasando la ayuda que de verdad necesitaba, sin que nadie le pida cuentas por ello.
La frontera no siempre es nítida. Ante la duda, primero el médico de cabecera.
Una profesión sin regular
En España «coach» no es una profesión regulada. No hay un título oficial que haga falta para ejercer ni un colegio profesional obligatorio. Cualquiera puede llamarse coach mañana.
Existen asociaciones privadas que acreditan a sus miembros y tienen códigos éticos. Esa acreditación dice que la persona ha hecho una formación concreta y ha aceptado unas normas. Es algo, aunque no equivale a un título universitario ni a una colegiación.
Señales para desconfiar
- Promesas de resultados concretos: ingresos, pareja, curación.
- La idea de que todo depende de la actitud y que, si no sale, es porque no lo habéis deseado lo bastante.
- Presión para pagar un programa más caro en la misma sesión, o un descuento que caduca esa noche.
- Rechazo a que consultéis a un médico o a un psicólogo.
- Testimonios de vidas transformadas sin forma de comprobarlos.
Las técnicas de venta de esa lista son las mismas que se cuentan en precios en 9, cuentas atrás y otros empujones. Funcionan igual con un curso de crecimiento personal que con una aspiradora.
Antes de contratar
Preguntad qué formación tiene la persona y dónde la hizo, cuántas sesiones propone y qué pasa si queréis dejarlo a mitad. Pedid una primera conversación sin compromiso para ver si os entendéis; muchos la ofrecen. Y fijad vosotros el objetivo, por escrito, con algo que se pueda comprobar al final: «haber enviado diez candidaturas», no «sentirme mejor conmigo».
Si al cabo de unas sesiones no hay ningún avance que se pueda señalar, es razonable parar. Sin culpa.